AGENDA POLITICA

Ayacucho – Buenos Aires

Actualidad

El precio de las convicciones

Dario Volantín

Corría el año 94, cuando el dirigente Justicialista César Zubiaurre le tocó timbre al Intendente Municipal Luis Alfredo Ilarregui para decirle que se iba del peronismo, y que esperaba un gesto igual por parte del Jefe Comunal. César fue uno de los ideólogos de la campaña y plataforma de gobierno de 1987 que terminó con una hegemonía de 75 años de gobierno radical, aparte de transitar largos años al lado del prominente dirigente que fuera electo por tres veces consecutiva para conducir la comuna. El neoliberalismo de Menem había desplomado uno a uno los principios peronistas y había entregado las banderas que muchos levantaron durante largos años de luchas.

Por otro lado, Zubiaurre había fundando en el 93 junto Darío David y otros militantes el “Movimiento Eva Perón” y por primera vez en la historia del PJ local habían marchado a internas, no por el menemismo en sí, sino por la falta de participación de las bases para la elección de candidatos, se hablaba en esa campaña del “dedo y el entorno” de Ilarregui que poco a poco se iba cerrando en un círculo cada vez más chico.
El resultado de esa charla desarrollado en la calle Almafuerte al 700 fue la contraoferta de Luis Ilarregui “traeme a otro intendente de la 5ta. Sección que haga lo mismo y nos vamos…”.
A las semanas, en el diario La Verdad se publicaba una larga carta con una explicación política y personal, copia de la mandada al Consejo partidario, del porque César Zubiaurre se iba del peronismo para siempre…”fue como quedarme solo en el medio del mar, hubo muchos llamados de compañeros que me felicitaban y apoyaban..pero me quedé solo…”. El derrotero del joven dirigente lo vería años después fundando el FREPASO y enfrentando a las urnas al propio peronismo que seguía con una racha ganadora y con resultados aplastantes.

Ayer, salvando las distancias y los tiempos que corren pasó algo similar. El dirigente Darío Volantín se iba del Salón Libertador a la nada misma, quizás al ostracismo político, al finalizar su mandato de concejal, elegido por voto directo en las elecciones del 2013, elecciones en la cual él encabezó la lista del Acuerdo Cívico a pedido del Ejecutivo. Hay que recordar que había asumido allá por el 2009, cuando la Coalición Cívica quedó por encima del radicalismo, en una de las peores elecciones de la historia del partido centenario, con ruptura incluida unos meses antes cuando Davila y compañía deciden irse de la UCR y formar el partido que tenía como referente a Carrío.
Como todos saben, después del rotundo triunfo del 2015, las cosas entre el ejecutivo y el joven dirigente de la Coalición Cívica no fueron por buenos carriles. La queja habitual, no solo en él sino de otros socios políticos, era la falta de diálogo y las pocas respuestas que había por parte del Intendente Zubiaurre a determinados temas. De hecho el único canal de comunicación que había entre el Poder Ejecutivo y el Bloque era Mario Abel Imaz.
Pero el único que saltó el cerco fue Volantín, quizás pensando que sus compañeros de la Coalición u otros integrantes del Acuerdo lo acompañarían, pero nada de eso pasó. Inmediatamente el Ejecutivo reaccionó y armo un operativo de contención por si alguno más estaría dispuesto a romper. De hecho y en la práctica, el Acuerdo Cívico no es más que un sello electoral, y de los viejos y nuevos socios, ninguno está en condiciones de exigir o plantear algo, todos fueron absorbidos por Zubiaurre y empujados a terminar dentro del radicalismo. Todos saben, que con el Jefe Comunal no se puede jugar mucho, el hombre es vasco y si te baja el pulgar no son muchos los que lo pueden hacer cambiar de idea.
A partir de ese día, Volantín asumió el rol de opositor, de hecho cada intervención suya en el recinto motivaba la salida a los medios del top 1 y 2 del gobierno, a explicar o en todo caso a brindar su versión. Ante un desdibujado peronismo, que lanzaba en su mayoría denuncias al aire y datos o hechos muy traídos de los pelos, desde el oficialismo empezaron a tachar los días que le faltaban a Volantin para irse. El presupuesto, la rendición de cuentas, la tarifaría, y todo manejo relacionado a los números del municipio, era y son el fuerte del Concejal y es el dato que mas le duele al oficialismo, en primer lugar porque nadie duda del trabajo y el análisis pormenorizado que hace de los datos duros que podía conseguir, y en segundo lugar porque el gobierno se había quedado sin un espadachín político que podría salir al cruce; mejor dicho no se quedó sin un espadachín, el ejecutivo lo tiene en el recinto, pero no lo usa o en todo caso no lo hace participar.

La contradicción de la política…

Cual puede ser el hilo conductor de esta nota? La convicción, palabra bastardeada en la política y que en definitiva no hace ningún mérito al que la ejerce. O quizás sí para él mismo y su conciencia, pero a la vista del resto, parece más un acto de inmolación política que de principios.

Bloques apartes, renunciamientos y otras yerbas hubo muchos en la política ayacuchense, pero con la particularidad de irse en el medio de la fiesta recuerdo estos dos. César Zubiaurre si hubiera ejercido una resistencia “pasiva” al menemismo y oído sordo a los armados de listas, seguramente hubiera tenido largos periodos en el Concejo o cargos, por su capacidad inclusive podría haber continuado cuando cayó el ilarreguismo y en la era David, por ahí el recuerdo del 93 seguramente lo hacía parte del gobierno. Muchos años después, es decir hoy ¿Alguien duda que Volantín hubiera integrado los cuatro primeros cargos de la lista de candidatos de la elección de este año? ¿o no estaría adentro del nuevo organigrama de funcionarios presentado junto al presupuesto?. Claro, si se hubiera alineado junto a los otros compañeros de bloque.

El edil que ayer dejó su banca, al igual que César, recibió muchos llamados y apoyos, pero por lo bajo, que en definitiva no sirven, porque lo que la gente ve, es que alguien decidió irse inesperadamente de un espacio político que tuvo una abultado apoyo del pueblo en las urnas.

Los que andamos en política (dirigentes, funcionarios, concejales, militantes, gente de los medios) sabemos que se va un tipo que ocupó una banca y que se ganó cada uno de los sueldos que el pueblo le abonó. Que cumplió con el mandato que sus votantes le dieron, después podremos estar en desacuerdo en temas netamente políticos, y bienvenido que así sea, pero no se puede pasar por alto que estos gestos tienen y deben de ser notados por la gente, porque en la política, en el ideal que todos nosotros tenemos, cosas así no ocurren todos los días.

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